Oct
08
2009

A Cartagena venimos a despertar

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escrito por Andres Santos (leído 628 veces)
publicado hace 5 meses en Viajes

Cartagena de Indias nos envolvió con su manta de calor y nos acogió en ella. Caminando por calles angostas, la nostalgia de la antigua Europa nos hizo recordar los tiempos en que todos los latinoamericanos pasamos en algún momento por el proceso de colonización.

A pesar de ese recuerdo, la arquitectura colonial, los colores brillantes combinados con la cálida madera son solo una parte del encanto caribeño que nos brindan las sonrisas y los movimientos de cadera que se ven por la calle.

Los truenos de otubre acompañan a los fuertes de la ciudad amurallada, reviviendo los cañones que todavía son protagonistas del escenario resistiéndose a su único contrincante: el mar.

El Castillo San Felipe de Barajas nos regala una de las mejores vistas de la ciudad contrastando la historia con los quijotes enormes llenos de brillos que acogen a las familias modernas.

Adentrándonos en el corazón cartaginense, el folklore del comerciante nos recibe en lo angosto con la más alta tecnología (muchas veces de segunda mano) — hasta las frutas, vegetales más frescos e items variados: limones, mangos, sandías, camisetas, cachuchas y regetón hacen fiesta de una nueva cultura progresiva de América latina.

Si nuestra vista puede deleitarse con todo lo que Cartagena brinda, nuestro paladar no se queda atrás. En un corre-corre por la ciudad, descubrimos algunas de las recetas más ricas y típicas de la costa norte de Colombia: arepas de huevo, la carimañola , el patacón con suero, el ceviche y el arroz con coco son unos de los platos más deliciosos y cotizados de Cartagena.

Todos nuestros sentidos se despiertan en esta ciudad. El ritmo nos lo entregan las palenqueras, el sabor de grandes chefs como Leonor Espinosa (que nos cocinó personalmente la cena), el color los pintorescos edificios, el aroma la brisa marin, etc.

A Cartagena venimos a despertar…

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